
Por Sandra Rozo
Marzo termina, y con él surge una pregunta que sigue sin una respuesta contundente: ¿qué cambia realmente después del 8 de marzo?
Cada año, este mes concentra una agenda intensa de conversaciones sobre equidad de género. Como líder en el ecosistema tecnológico y de economía digital en América Latina, participo constantemente en paneles, foros y espacios de discusión donde se abordan los desafíos y oportunidades para las mujeres en estos sectores. Son espacios necesarios, que visibilizan y abren diálogo. Sin embargo, también evidencian una realidad repetitiva: las mismas cifras, los mismos diagnósticos y, en muchos casos, la misma falta de avance estructural.
Marzo no es solo una celebración ni una conversación sobre equidad; es un recordatorio de todo lo que aún falta por transformar.
Más allá de la conmemoración: el verdadero significado del 8 de marzo
El Día Internacional de la Mujer no es una fecha simbólica ni una celebración convencional. Su origen está ligado a las luchas históricas de las mujeres por sus derechos, por condiciones laborales dignas, por igualdad de oportunidades y por su participación activa en la sociedad.
Más que un momento de reconocimiento, es un punto de reflexión crítica: una oportunidad para evaluar qué tan lejos hemos llegado y, sobre todo, qué tan lejos estamos aún de cerrar las brechas que persisten.
De la visibilidad a la ejecución: el gran desafío
En la última década, la equidad de género ha ganado espacio en las agendas corporativas, públicas y sociales. Sin embargo, la visibilidad no siempre se traduce en transformación.
Una vez termina marzo, muchas de las iniciativas pierden continuidad y las brechas estructurales permanecen: menor participación en áreas técnicas, baja representación en cargos directivos y limitaciones en el acceso a oportunidades en sectores estratégicos como la tecnología y la economía digital.
El problema no es el diagnóstico. Es la falta de ejecución sostenida.
Las cifras que evidencian el estancamiento
Los datos siguen confirmando lo que ya sabemos, pero aún no logramos cambiar.
En América Latina, solo alrededor del 25 % del talento en tecnología corresponde a mujeres, y en roles técnicos esta cifra puede descender al 15 %. Apenas tres de cada diez profesionales en el sector tecnológico son mujeres, mientras que su participación en disciplinas STEM se mantiene por debajo del 30 % en la mayoría de países. A esto se suma una baja representación en cargos de liderazgo, donde menos del 20 % de los puestos directivos en empresas tecnológicas están ocupados por mujeres.
Estas cifras no son nuevas. Y precisamente ahí radica el problema: el diagnóstico está claro, pero la velocidad del cambio no corresponde a la urgencia del desafío.
Lo incómodo que aún no estamos diciendo
A esta realidad se suma una conversación que pocas veces abordamos con suficiente honestidad.
Después de años en la industria tecnológica y de videojuegos en América Latina, he llegado a una conclusión que puede resultar incómoda: el problema no es que no haya mujeres. El talento femenino nunca ha sido el problema.
El problema es que se sigue tomando decisiones sin ellas.
No se trata de cuestionar si las mujeres pueden liderar el futuro de industrias como la tecnología, las industrias creativas o los entornos digitales. La pregunta real es si estamos creando las condiciones para que lo hagan.
Porque esto no es un tema de narrativa. Es un problema estructural. Y no se soluciona con una conversación el 8 de marzo.
Se soluciona cuando las mujeres participan en la toma de decisiones, lideran equipos técnicos, acceden a inversión y, sobre todo, pueden permanecer y crecer dentro del ecosistema.
Desde Womenize Latam he visto cómo una red puede transformar trayectorias. Pero también he visto cómo muchas puertas siguen cerradas.
Construir transformación real: el rol de los ecosistemas
Desde Womenize Latam trabajamos con una convicción clara: la transformación no ocurre en una fecha, ocurre cuando se construyen capacidades, se generan oportunidades y se crean espacios donde las mujeres pueden crecer, liderar y permanecer en sectores estratégicos.
Por eso, nuestras acciones se enfocan en procesos continuos que conectan formación, liderazgo, empleabilidad y comunidad.
Sin embargo, el impacto real solo es posible cuando estos esfuerzos se articulan con el sector empresarial, el sector público y otros actores del ecosistema.
De las historias a los indicadores
Durante años hemos construido narrativas inspiradoras sobre mujeres que logran abrirse camino en industrias tradicionalmente dominadas por hombres. Estas historias son importantes, pero hoy el desafío es más profundo.
El avance real no se medirá por la cantidad de historias que contamos, sino por los indicadores que logramos transformar.
El próximo año, la conversación debería centrarse en resultados concretos: cuántas mujeres accedieron a roles de liderazgo, cuántas lograron mantenerse y crecer en la industria, cuántas transformaron su trayectoria profesional y qué impacto generaron las iniciativas implementadas.
Ese es el cambio de nivel que necesitamos como región.
La corresponsabilidad: una tarea compartida
Cerrar la brecha de género no es responsabilidad de un solo actor. Requiere una acción coordinada entre empresas, gobiernos, organizaciones y comunidades.
Las empresas tienen un rol clave en la generación de oportunidades reales y en la apertura de espacios de decisión. Los gobiernos deben impulsar políticas sostenibles que faciliten el acceso y la permanencia. Y las comunidades, como Womenize Latam, debemos seguir articulando, visibilizando y acompañando el crecimiento del talento femenino.
Una invitación a la acción
Hoy la invitación es clara: pasar del discurso a la acción sostenida.
Desde Womenize Latam abrimos espacios concretos programas, mentorías e iniciativas de formación que buscan generar impacto real en la vida de las mujeres en la región. Pero este cambio no puede darse en aislamiento.
Por eso, la pregunta es directa:
¿Qué están dispuestos a hacer este año, como organización, para que el próximo marzo podamos hablar de resultados y no de las mismas brechas?
Que el próximo marzo sea diferente
El reto es evidente: que el próximo año no repitamos el mismo diagnóstico. Que no volvamos a presentar las mismas cifras, sino que podamos evidenciar avances medibles, liderazgo consolidado y transformación real.
Porque si en el próximo marzo seguimos hablando de lo mismo, no será por falta de conocimiento, sino por falta de acción.
Más allá de este mes el verdadero reto es lo que ocurre el resto del año.
La transformación no ocurre en un mes. Ocurre en la consistencia.
Y si realmente queremos cambiar la historia, debemos dejar de conmemorar como un acto simbólico y empezar a trabajar como un compromiso permanente.





